Fundació Jaume BofillUniversitat Oberta de Catalunya (UOC)
Marta Comas
Marta Comas
Técnica del Consorci d’educació de Barcelona y directora del proyecto “Familias con voz” de la Fundación Jaume Bofill.

Soy madre de cuatro hijos y ello me ha permitido recorrer largamente y desde dentro la relación entre familia y escuela en los diferentes niveles educativos. Ahora, como antropóloga y directora del proyecto “Familias con voz” de la Fundación Jaume Bofill, hago esto recorrido desde una mirada profesional y crítica que se complementa con aquella impresión de la experiencia: el agradecimiento a los maestros que nos abren la puerta y nos invitan a participar.

Además también trabajo como técnica en el Consorcio de educación de Barcelona desde hace seis años. Anteriormente había investigado en el ámbito de las migraciones, la educación intercultural y la adolescencia en riesgo. 

Las 3 cosas que he aprendido

Sin la aportación de las familias las escuelas que conocemos no serían lo que son.
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Todos los padres y madres PUEDEN hacer aportaciones valiosas para la escuela

Cada familia es el resultado de una biografía particular, de una suma de vínculos cotidianos, lugares, itinerarios formativos y laborales, modelos de crianza y expectativas para los hijos que se proyectan en la escuela.

La mayoría de escuelas saben que este “capital humano” tan diverso es un valioso instrumento para enriquecer el trabajo que desempeñan los maestros. Saben que si reconocen esta capacidad natural de padres y madres de interesarse por la educación de sus hijos e implicarse en ella, multiplican exponencialmente su capacidad educadora.

Solo tenemos que ser cuidadosos a la hora de hacer este intercambio: desde la escuela, invitar a los padres y las madres a participar, cada uno desde su disponibilidad, reconociendo y respetando sus fortalezas y sus códigos particulares. Desde las familias se debe reconocer y respetar los códigos que organizan la educación, el trabajo de los maestros y el rol fundamental que éstos ejercen con los niños.

Allí donde se ha aplicado esta fórmula se ha conseguido una suma en la que todas las partes han salido ganando. ¡Tenemos muchos ejemplos de ello!

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Las tres patas que sostienen unos buenos resultados: unos buenos profesionales, unos buenos compañeros y un buen acompañamiento familiar

A diferencia del derecho a la salud, que se garantiza con unas buenas dotaciones sanitarias y unos buenos profesionales, la educación es básicamente un fenómeno social. Por eso, “el efecto compañero” o el efecto de la “mochila familiar” pueden echar a perder el trabajo de excelentes profesionales.

Por eso, se debe seguir luchando para conseguir un sistema educativo no segregador en el que las aulas sean lo suficientemente heterogéneas para que se cree un caldo de cultivo rico para el aprendizaje.

Un sistema educativo donde la diversidad de las familias quede compensada con apoyos a la escolarización y allí donde los padres y madres no lleguen se pueda contar con ayudas que equiparen las oportunidades de todos los alumnos. Hay que recordar que con la crisis cada vez hay más servicios educativos que tienen que financiar las familias, justo hoy cuando la mitad de las familias catalanas tiene problemas para llegar a fin de mes.

3

Hay que dejar de hacer políticas para las familias y empezar a invitar a las familias a que hagan políticas

Son miles los padres y las madres que han convertido la escuela en un lugar para ejercer la ciudadanía: el 97% de los centros educativos en Cataluña, en el curso 2012-13, cuenta con una AMPA que agrupa de media al 80% de las familias de la escuela.

Además, las AMPA garantizan servicios básicos como los dirigidos a la conciliación familiar (comedor, acogida matinal, extraescolares), las que facilitan la igualdad de oportunidades porque abaratan costes (venta o reutilización de libros, licencias digitales) y los que se destinan a mejoras de la escuela (mantenimiento, equipos, servicios de biblioteca).

De este modo la AMPA se ha convertido en la vía de la sociedad civil para corresponsabilizarse de la calidad educativa. La mayoría de edad del movimiento de familias en educación se debería reconocer dejando de hacer políticas para las familias y empezando a hacer políticas con las familias.

Las familias están legitimadas para opinar y decidir sobre temas que les afectan tanto como la financiación de la educación, los calendarios, las ayudas o el acceso a la escuela.

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