Fundació Jaume BofillUniversitat Oberta de Catalunya (UOC)
Richard Gerver
Richard Gerver
Ex director de la escuela primaria Grange (Gran Bretaña) y experto en lideraje, creatividad y cambio organizativo

Ex jefe de estudio premiado por su liderazgo en una escuela con un alto grado de fracaso escolar convertida en una de las escuelas más innovadoras del mundo. Hoy es un autor de éxito y un conferenciante de renombre internacional en el ámbito de la educación, el liderazgo y el cambio.

Las 3 cosas que he aprendido

La educación debe ser una celebración de la vida, apasionada y motivadora
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La educación debe ser una celebración de la vida

Nuestra primera responsabilidad como educadores es preparar a nuestros niños y niñas para el futuro; por este motivo la educación, en primer lugar, debe identificar cuáles serán sus necesidades. Así pues, debemos invertir más tiempo intentando entender el futuro y menos observando el pasado. El sistema tradicional se basa en preparar a los estudiantes para un determinado futuro; pero este sistema ya no nos sirve, en la era postindustrial debemos diseñar un nuevo sistema basado en el empoderamiento y no en el control. Y para ello, como educadores, como políticos, debemos dar un paso adelante y asegurarnos de que diseñamos sistemas basados en necesidades y no en ideologías, sistemas basados en habilidades y competencias. Debemos, pues, asegurarnos de que, fundamentalmente, el sistema explora el increíble potencial del alumnado de manera individual, y que les ayuda a ver cuál será el lugar que cada uno de ellos ocupará en un futuro complejo y en constante evolución. Recientemente, el gobierno chino ha declarado que, a fin de crear un futuro sostenible, China debe descubrir y cultivar la próxima generación de Steve Jobs. ¡No parece una mala idea!

2

Debemos alimentar el poder del aprendizaje

Para muchos de nuestros estudiantes, el proceso de aprendizaje no es más que una constante preparación de exámenes de diferentes materias: matemáticas, literatura, etc. Muchos de nosotros estamos cansados de la naturaleza abstracta de nuestro sistema educativo y de la cultura opresiva que impone su sistema de pruebas. La educación es un asombroso regalo; el más importante y poderoso que cualquier sociedad civilizada puede conceder a sus jóvenes; sin embargo, no siempre se entiende así. En este sentido, me preocupa que la mayoría de jóvenes consideren la escuela como un proceso industrial en el que les inculcamos una serie de conocimientos y normas, como una especie de purgatorio, un lugar por el que deben pasar antes de convertirse en adultos y, por lo tanto, en verdaderos ciudadanos. Fue John Holt quien dijo una vez que la educación era como aprender a tocar el violonchelo: años diciendo que estabas aprendiendo a tocar, siempre esperando el momento de poder decir que en verdad ya estabas tocando el violonchelo... Debemos, pues, hacer que el aprendizaje sirva para el presente.

3

Aprender debe ser divertido

Aprender debe ser una celebración de la vida, una exploración del potencial de cada uno y de la alegría de experimentar. Evidentemente, es importante, vital, para nuestros niños y niñas, pero ciertamente también lo es para nuestro propio legado. El mundo se enfrenta hoy, y demasiado a menudo, a grandes desafíos que hemos creado nosotros mismos: economías insostenibles, desastres medioambientales y niveles crecientes de conflictos sociales y étnicos. Este es el legado que dejamos a nuestros hijos. Realmente, no es muy optimista. Sin embargo, la educación debe ser una celebración de lo que puede lograrse, de lo que puede llegarse a descubrir y crear. El proceso de aprendizaje debe incluir la capacidad de asombrarse y de maravillarse, debe estar lleno de posibilidades, y debe contar con maestros que disfruten enseñando y aprendiendo. Las mejores aulas son aquellas que rebosan de  alegría, son lugares donde los niños se sienten bien, relajados, y tienen interés por aprender, porque los profesores, a su vez, están relajados y disfrutan enseñando. Los retos son importantes, pero la escuela no debería ser un reto que conduzca al abandono, sino un reto motivador. Solo una generación suficientemente relajada para ser ella misma y con la confianza necesaria para desafiar las convenciones, para asumir riesgos y para atreverse a ser diferente sabrá encontrar las soluciones para un camino positivo hacia el siglo XXII.

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