Fundació Jaume BofillUniversitat Oberta de Catalunya (UOC)
Ángel I. Pérez Gómez
Ángel I. Pérez Gómez
Catedrático de Didáctica y Organización Escolar de la Universidad de Málaga.

Mi infancia y juventud transcurre en Salamanca, donde estudio Pedagogía y Psicología. Mi trayectoria profesional comienza en Madrid, siendo profesor de bachillerato durante cinco años. Mi carrera profesional como profesor de universidad se inicia en la complutense de Madrid y peregrina por las universidades de Salamanca y La Laguna y parece que se asienta en la universidad de Málaga en la que llevo ya 27 años. He compaginado docencia, investigación y desempeño de cargos académicos (Vicedecano, Vicerrector), Pero lo que creo que define mejor mi vida personal y profesional es un transitar continuo entre ideas, experiencias e innovaciones pedagógicas en colaboración permanente con grupos de docentes de las diferentes etapas del sistema educativo, vinculando de manera continua formación inicial con formación permanente, investigación e innovación. Mi plataforma de despegue, de debate y contraste ha estado vinculada a los grupos y movimientos de renovación pedagógica, principalmente Andaluces, pero también Catalanes, Vascos y Latinoamericanos. El compromiso de investigación y descubrimiento me ha llevado a colaborar con universidades extranjeras, prioritariamente del mundo anglosajón (Reino Unido, EEUU) y de la mayoría de los países de Latinoamérica.

Las 3 cosas que he aprendido

En el mundo complejo, cambiante e incierto en que vivimos, la educación debe ofrecer la oportunidad a todos los ciudadanos
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Del conocimiento a la sabiduría

Creo que en el mundo complejo, cambiante e incierto en que vivimos, la educación debe ofrecer la oportunidad a todos los ciudadanos de utilizar el mejor conocimiento disponible para construir su propio proyecto vital. Es decir, utilizar los mejores recursos disponibles para autorregularse de manera autónoma, elegir el propio camino, siempre singular y diferenciado, aprendiendo de las propias vivencias y de las experiencias y pensamientos ajenos. No es más sabio el que más conocimiento especializado posee, sino el que mejor lo sabe utilizar para orientar y gobernar su vida. Por ello, el termino “educar” creo que deberíamos reservarlo para aquellos procesos por los que cada individuo de manera consciente y voluntaria se construye y reconstruye como sujeto autónomo que se autorregula con una intención, buscando realizar un proyecto vital que le convence y apasiona en el aspecto personal, social y profesional. Nuestro mayor desafío y nuestra mayor satisfacción profesional es ayudar a cada individuo a construir y desarrollar sus singulares cualidades y talentos hasta el máximo de sus posibilidades. No todos tienen que “estudiar” y trabajar las mismas materias, al mismo tiempo y con la misma intensidad.

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La relevancia de las emociones

El cerebro humano, no es una máquina de calcular desapasionada, objetiva y neutral que toma decisiones razonadas basadas en el análisis frío de los hechos correspondientes, es más bien, y ante todo, una instancia emocional, preocupada por la supervivencia, que busca la satisfacción y evita el dolor y el sufrimiento. La razón y la emoción no son dos fuerzas enfrentadas, conviven y trabajan generalmente unidas con el propósito de lograr la supervivencia más satisfactoria. En definitiva, lo que mueve a cada persona en específicas direcciones determinadas son los deseos, los temores, las creencias y los valores. Abrazamos o rechazamos ideas, situaciones o personas en virtud de las emociones que nos despiertan. Si como confirman las investigaciones en neurociencia cognitiva entre el 80 y 90% de los mecanismos cerebrales que intervienen y condicionan nuestros procesos de interpretación, toma de decisiones y actuación, permanecen por debajo de la conciencia, ¿Qué hacemos en la escuela ocupándonos solamente del conocimiento consciente, explícito y declarativo que se ofrece en los libros de texto? Recuperar al aprendiz como ser humano completo -emociones y razón, consciente e inconsciente, cuerpo y mente- como el foco central de la práctica pedagógica.

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Compromiso ético y comunidad social

Aprender a vivir, a convivir y a cooperar en grupos humanos cada vez más heterogéneos, aprender de todos, celebrar las diferencias y respetar las discrepancias es a mi entender una de las cualidades humanas más necesarias en la sociedad global contemporánea. Esta competencia requiere un sentido mínimo de ética compartida, una sociedad de derecho, de justicia social que permite, a todos, sentirnos miembros respetados y respetables de dicha comunidad. Por ello, será necesario cuidar en la escuela el desarrollo en todos los aprendices de la capacidad de entender la moralidad colectiva y la responsabilidad individual, así como desarrollar el deseo y el compromiso de contribuir a la elaboración democrática de las reglas de juego que rigen nuestra convivencia. La corrupción extendida y el deterioro de la democracia como filosofía de vida, el desprecio por lo público, y el ensalzamiento del beneficio privado requieren un esfuerzo mayor en la escuela por dignificar las interacciones humanas y formar la mente ética y política de los ciudadanos.

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